La Madre del Señor, el Paraíso de nuestra alma

 

Debemos saber que la Madre del Señor es eso, mamá. Y no es mamá sólo para Nuestro Señor Jesucristo, sino para todos los que queramos tenerla como madre. “Tú, si ya no puedes seguir aquí, ven a casa, acuérdate siempre que tienes a dónde venir”. ¡Tengamos siempre presente que la Madre del Señor nos dice lo mismo!

La Madre del Señor es como un Paraíso. Cuando tenemos relación con la Madre de Dios en nuestra conciencia, en nuestros pensamientos, en nuestros sentidos, es como si ya hubiéramos entrado en el Paraíso. ¡Es una felicidad del Paraíso tener un vínculo espiritual con la Madre del Señor!

A la Madre de Dios la llamamos “Paraíso predicador”, “Paraíso en Misterio”. La alegría del vínculo con la Madre del Señor es como vivir en el Paraíso.

Recuerdo que una vez hubo un problema serio en el monasterio y, al enterarse, mi mamá inmediatamente me dijo: “¡Si ya no puedes seguir allí, ven a casa, acuérdate siempre que tienes a dónde venir!”  Fue algo tan emotivo... ¿Ven qué representa el corazón de una madre? No te deja nunca. Puede que otros de abandonen, te repudien, te rechacen, te eviten, te marginen, te alejen, te opriman, ¡pero una madre nunca haría algo así! Algún extraño podrá hacerte algo así, pero quien tiene corazón de madre, no. “Sí... tú, si ya no puedes seguir aquí, ven a casa, acuérdate siempre que tienes a dónde venir”. Si nuestra mamá terrenal puede demostrarnos algo así, ¡imagínense de lo que es capaz la Madre del Señor!

¿Que la Madre del Señor nos podría abandonar alguna vez? ¿Es posible que la Madre del Señor nos abandone? ¡No se puede! ¿Por qué no se puede? Precisamente porque es mamá, porque tiene corazón de madre. Talvez la llamamos “Madre del Señor”, como hablando de un título. Mas debemos saber que la Madre del Señor es eso, mamá. Y no es mamá sólo para Nuestro Señor Jesucristo, sino para todos los que queramos tenerla como madre. “Tú, si ya no puedes seguir aquí, ven a casa, acuérdate siempre que tienes a dónde venir”. ¡Tengamos siempre presente que la Madre del Señor nos dice lo mismo!

(Traducido de: Arhimandrit Teofil Părăian, Veniţi de luaţi bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 82)

 

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