La tristeza cuando muere un ser querido y la bendición de las lágrimas

 

Nuestra naturaleza humana nos pide que lloremos, mientras que la fe nos consuela, recordándonos la relación en espíritu que nos vincula con el difunto, junto al hecho que él vive y seguirá con nosotros.

La muerte trae tristeza, debido al alejamiento visible de esa persona querida. La profundidad de la tristeza depende de la fuerza del amor y del vínculo que se tuvo con esa persona. La tristeza del alma se demuestra con el llanto, por medio de las lágrimas. Se dice que las lágrimas consuelan el alma, mientras que la tristeza sin lágrimas hace que el hombre sufra terriblemente.

El alma está estrechamente relacionada con el cuerpo, porque este último es el instrumento que utiliza el alma para expresar visiblemente sus sentimientos; por ejemplo, las lágrimas muestran la tristeza del corazón. Por eso, las lágrimas, el llanto, son rasgos de nuestra condición humana. En verdad, nuestra naturaleza humana nos pide que lloremos, mientras que la fe nos cunsuela, recordándonos la relación en espíritu que nos vincula con el difunto, junto al hecho que él vive y seguirá con nosotros.

La empatía consiste en entristecernos por el llanto y las lágrimas del otro. Muchas veces habremos oído decir “Tu tristeza y tus lágrimas me desgarran”.

El que parte de este mundo, en tan largo y lejano viaje, le pide a los que le sobreviven que no lloren, sino que le pidan a Dios por él. El difunto es como uno que se va de viaje, aunque sabemos que el feliz reencuentro con él puede suceder en cualquier momento, si nos atenemos al mandamiento que nos dio el Señor, cuando nos llamó a estar siempre preparados para abandonar este mundo.

(Traducido de: Părintele Mitrofan, Viața repausaților noștri și viața noastră după moarte, Editura Credința strămoșească, Petru Vodă – Neamț, 2010, pp. 364-365)

 

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