Palabras de espiritualidad

Me siento totalmente perdido cuando llega el momento de orar...

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Las pocas personas sucesivas que presentamos ante Dios no son nuestro verdadero yo. En cada una de ellas hay algo de nosotros, pero la persona entera está ausente.

Un encuentro es real solo cuando las dos personas que se encuentran existen verdaderamente. Y, desde este punto de vista, nosotros falsificamos sin cesar ese encuentro. No solo dentro de nosotros mismos, sino que nos resulta muy difícil ser verdaderos también en la imagen que presentamos ante Dios. De un extremo al otro del día somos una sucesión de distintas personalidades sociales, a veces imposibles de reconocer por los demás e incluso por nosotros mismos.

Y cuando llega el momento de orar y deseamos presentarnos ante Dios, con frecuencia nos sentimos perdidos, porque no sabemos cuál de esas personalidades sociales es la persona humana verdadera y no tenemos ningún conocimiento de nuestra verdadera identidad. Las pocas personas sucesivas que presentamos ante Dios no son nuestro verdadero yo. En cada una de ellas hay algo de nosotros, pero la persona entera está ausente.

Por esta razón, la oración que podría elevarse con fuerza desde el corazón de una persona verdadera no logra abrirse camino entre los sucesivos “hombres de paja” que presentamos ante Dios. Cada uno de ellos pronuncia una palabra que es verdadera a su manera, particular, pero no expresa a las demás personalidades parciales que tenemos a lo largo del día. Es de suma importancia que encontremos nuestra unidad, nuestra identidad fundamental. De lo contrario, no podremos encontrarnos con Dios en la verdad.

(Traducido de: Mitropolitul Antonie de SurojRugăciunea care aduce roade, Editura Doxologia, 2014, pp. 30-31)



 

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