A propósito de la lucha espiritual del cristiano
Debemos pedir a la Madre de Dios y a los demás santos de Dios que intercedan por nuestra enmienda espiritual, reconociendo verdaderamente nuestros pecados y nuestra propia debilidad.
Nuestra vida es un combate espiritual contra los espíritus invisibles de la maldad. Ellos nos incitan por medio de nuestras pasiones y nos impulsan a transgredir los mandamientos de Dios. Si comprendemos esto y lo examinamos con atención, descubriremos que para cada pasión existe un remedio: un mandamiento que se opone a ella. Por eso los enemigos se esfuerzan por todos los medios para impedirnos llegar a este remedio salvador.
De estos “lobos” silenciosos nos es imposible librarnos sin la ayuda de Cristo. Para expulsarlos necesitamos Su Gracia todopoderosa, y no el débil auxilio humano. Por eso debemos seguir las huellas de Jesús con la mayor humildad, pedirle a Él todas las cosas y presentar ante Él todo nuestro dolor. Y, por encima de todo, debemos pedir a la Madre de Dios y a los demás santos de Dios que intercedan por nuestra enmienda espiritual, reconociendo verdaderamente nuestros pecados y nuestra propia debilidad.
La lucha contra las pasiones es necesaria, porque la oscuridad y la niebla de las pasiones ensombrecen los ojos de nuestra alma, para que no podamos ver al Sol de Justicia, que es Jesús.
(Ne vorbesc Stareții de a Optina, traducere de Cristea Florentina, Editura Egumenița, 2007, p. 13)
