Recordemos siempre que Él está ahí

 

El temor de Dios hace que todo brille lleno de luz, no solamente en este mundo, sino también en los cielos.

Conservemos siempre en nuestra alma el temor de Dios, que nos cuida y nos protege del mal, más de lo que un padre cuida a su hijo.  El temor de Dios es un muro invencible. Cuando el custodio se halla en el interior, no necesitamos más los “artificios” del mundo exterior. Pero, si carecemos de ese “guardían”, es decir, si no sentimos temor de Dios, todo lo que viene de afuera podría llevarnos a la perdición.

Este custodio, el temor de Dios, es también para nosotros riqueza, gloria y honor. Él hace que todo brille lleno de luz, no solamente en este mundo, sino también en los cielos.

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Părinţi, copii şi creşterea lor, Editura Panaghia, Bucureşti, 2009, p. 33)

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