Si tan solo el amor rigiera en el mundo…

 

Los crímenes, las disputas, las guerras, las revueltas, los secuestros y cualquier clase de maldades simplemente no existirían. De hecho, la maldad sería completamente desconocida.

Si el amor gobernara el mundo, no habría necesidad ni de leyes, ni de tribunales, ni de condenas. Nadie ofendería a sus semejantes. Los crímenes, las disputas, las guerras, las revueltas, los secuestros y cualquier clase de maldades simplemente no existirían. De hecho, la maldad sería completamente desconocida. Y es que el amor tiene la gran ventaja de no tener ninguna relación —como sí puede ocurrir en el caso de otras virtudes— con determinadas formas del mal. La renuncia a lo material, por ejemplo, puede relacionarse con la vanagloria; la facilidad para aprender, con la ambición; la capacidad de obrar milagros, con el orgullo; la caridad, con el desenfreno; la humildad, con la altivez espiritual, etc. Nada de eso existe en el amor, en el amor verdadero.

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de AurProblemele vieții, Editura Egumenița, Galați, p. 133)