¡Tienes que imponerte a ti mismo!
Cuando el hombre se vence a sí mismo delante de Dios, es el más grande mártir, el más formidable de entre quienes han alcanzado la victoria.
El hombre, mientras vive, debe esforzarse en la lucha ascética. Y la primera de las luchas consiste en vencerse a sí mismo. El primer y mayor enemigo del hombre no es el demonio. No: es el propio hombre, con su yo astuto y engañoso. Y esto porque no obedece a quien puede aconsejarle, sino que hace lo que le dicta su propio pensamiento. Y aunque tenemos tantos Santos Padres a quienes podemos seguir, leyendo sus escritos, con todo, nuestro egoísmo nos domina muchas veces.
Cuando el hombre se vence a sí mismo delante de Dios, es el más grande mártir, el más formidable de entre quienes han alcanzado la victoria.
(Traducido de: Ieromonah Iosif Aghioritul, Stareţul Efrem Katunakiotul, Editura Evanghelismos, p. 208)
