Vivir para uno mismo no es vivir para el Señor

 

Dios no existe para aquel que no cree en Él con una fe viva (Efesios 2, 12).

“Porque ninguno de vosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, vivamos o muramos, somos del Señor” (Romanos 14, 7-8).

Si te has quedado a vivir en el mundo, debes vivir no para ti mismo, sino para el Señor. Vive para el Señor aquel que vive cumpliendo con Su voluntad. Vive para sí mismo aquel que vive para satisfacer sus propios apetitos. Este último, aunque parezca vivo para quienes ven solamente con los ojos del cuerpo, en realidad está muerto en el alma y es considerado por el Señor como si no existiera, y su nombre no aparece escrito en el Libro de la Vida, sino en otros libros. Para él, es como si el Señor no existiera. Dios no existe para aquel que no cree en Él con una fe viva (Efesios 2, 12). El primero no muere: con la muerte física, él no hace sino pasar a una vida mucho más rica. Entonces ¡procura no resucitar para ti mismo! Por medio de la vida en el Señor, elimina cualquier rastro de la vida de pecado, carnal y espiritual, de manera que puedas guardarte íntegramente para la vida eterna.

(Traducido de: Sfântul Ignatie BriancianinovDe la întristarea inimii la mângâierea lui Dumnezeu, Editura Sophia, 2012, pp. 211-212)