Palabras de espiritualidad

Cuando imploramos el santo auxilio de la Virgen...

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

¡Oh venerabilísima y vivificante Cruz del Señor! Ayúdame, junto con la Santa Señora, la Virgen Madre de Dios, y con todos los santos, por los siglos de los siglos. Amén”.

No me avergüenza imaginarme a la Madre de Dios luchando, suplicando, implorando, intercediendo e insistiendo por nosotros. Tampoco me avergüenza imaginarla —de manera sencilla y filial, aunque no herética— corriendo hacia las puertas del Paraíso con una copa de plata en la mano y un pañuelo sobre el brazo, para recibir a los mártires de su Hijo, darles la bienvenida, ofrecerles con inefable dulzura el consuelo celestial y enjugar con su santo manto el sudor de sus frentes y la sangre derramada con su testimonio.

Por eso consideramos hermosa y provechosa la oración cristiana antes del descanso nocturno, que une estas dos devociones:

¡Oh venerabilísima y vivificante Cruz del Señor! Ayúdame, junto con la Santa Señora, la Virgen Madre de Dios, y con todos los santos, por los siglos de los siglos. Amén”.

(Traducido de: Nicolae Steinhardt, Dăruind vei dobândi, Editura Mănăstirii Rohia, Rohia, 2006, pp. 294-295)

Read other articles about: