Palabras de espiritualidad

Acercarnos a Dios por medio de las pruebas

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

Yo recomiendo siempre el arrepentimiento y la confesión, para que el maligno pierda sus derechos y se corten las influencias demoníacas externas.

Padre, ¿es posible que las pruebas se conviertan en ocasiones para que las personas se acerquen a Dios?

—Quienes tienen buena intención sacan provecho de las pruebas. Quienes no la tienen se rebelan contra Dios, blasfeman, etc. Lo malo es que no dicen: “He obrado mal”, sino que se atormentan. El demonio tiene un gran poder en el mundo. Le hemos dado muchos derechos. ¡Cómo ha llegado a ser el hombre de hoy! Lo malo es que la intervención divina se ve obstaculizada cuando no hay arrepentimiento. Si hubiera arrepentimiento, las cosas se arreglarían. ¡Pasaremos por tormentas tras tormentas! ¡Que Dios nos ayude! Pidamos el arrepentimiento para todo el mundo y para todos aquellos que hacen daño a la Iglesia a sangre fría y no tienen deseo de enmendarse. Que Dios les conceda el arrepentimiento y solo después se los lleve.

Ayudemos, en la medida de nuestras posibilidades, al mundo a arrepentirse, para que podamos recibir las bendiciones de Dios. Arrepentimiento y confesión: eso es lo que hace falta hoy. Yo recomiendo siempre el arrepentimiento y la confesión, para que el maligno pierda sus derechos y se corten las influencias demoníacas externas.

Las personas necesitan “sacudidas” para comprender y arrepentirse. Por ejemplo, alguien confiesa que ha cometido adulterio. El padre espiritual le da la absolución y también le impone un canon, pero la persona no se enmienda. El padre espiritual debe ayudarla a comprender que el mal no consistió solamente en el adulterio, sino que con ese acto suyo causó un gran daño y destruyó dos familias. Pero algunos padres espirituales ni siquiera indagan más a fondo, ni ayudan a las personas a reconocer los problemas de su conciencia.

(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Cuvinte duhovnicești. Volumul II. Trezvie duhovnicească, traducere de Ieroschimonah Ștefan Nuțescu, ediția a doua, Editura Evanghelismos, București, 2011, pp. 387-388)


 

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