¡Acuérdate de Dios siempre y en todo lugar!
Nada es nuestro; todo es de Dios. Si Dios me bendice, tengo; si no lo hace, no tengo.
Dice uno de los Santos Padres: “Acuérdate de Dios en los días de paz, para que Dios se acuerde de ti en los días de aflicción”.
Debemos acordarnos de Dios siempre: cuando tengamos días felices y tranquilos, con paz, salud y abundancia, y no solo cuando lleguen las dificultades, las necesidades o los peligros. Así, Dios también se acordará de nosotros en nuestra tribulación.
Tengamos siempre ante nuestros ojos la misericordia, tanto material como espiritual, y digamos: “De lo Tuyo, te ofrecemos”. Nada es nuestro; todo es de Dios. Si Dios me bendice, tengo; si no lo hace, no tengo.
(Traducido de: Avva Efrem Filotheitul, Sfaturi duhovniceşti, Editura Egumeniţa, Galaţi, 2012)
