¡Ánimo, que el Señor nos fortalece!
Soporta por amor al Señor, con profunda gratitud, todas las aflicciones, las penas, las desgracias, las enfermedades y cualquier tentación que, conforme a la voluntad de Dios y para tu provecho, llegue a tu vida.
Dijo un padre: “Si la cera no se calienta con el fuego hasta ablandarse, es imposible que reciba la impronta del sello que se le quiera estampar”. Del mismo modo, si el hombre no es ablandado por el fuego de las aflicciones, las enfermedades, los trabajos, las tentaciones y las debilidades, no puede quedar impreso en él el sello del Espíritu Santo. Por eso el Señor le dijo al Apóstol Pablo: “Te basta Mi gracia, porque Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Y el mismo Santo Apóstol Pablo escribe: “Con gusto me exaltaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Así también tú, hijo mío, soporta por amor al Señor, con profunda gratitud, todas las aflicciones, las penas, las desgracias, las enfermedades y cualquier tentación que, conforme a la voluntad de Dios y para tu provecho, llegue a tu vida. Porque es mediante la paciencia en las aflicciones, unida al agradecimiento, como el hombre entra en el Reino de los Cielos, tal como el mismo Señor dice: “Es necesario que, a través de muchas tribulaciones, entremos en el Reino de los Cielos”.
(Traducido de: Sfântul Ioan Iacob de la Neamț – Hozevitul, Pentru cei cu sufletul nevoiaș ca mine..., Editura Doxologia, Iași, 2011, p. 627)
