Palabras de espiritualidad

Aprendiendo a cuidar el tesoro de la fe

  • Foto: Bogdan Zamfirescu

    Foto: Bogdan Zamfirescu

Translation and adaptation:

También los cristianos no-convertidios pueden renovarse si comienzan a mantenerse vigilantes, si comienzan a valorar plenamente el tesoro inestimable de su fe, si se alejan de las torpes costumbres de la insensibilidad.

¿Puede haber una tentación mayor que aquella en la que un cristiano llega a tal grado de desidia que deja de pensar en su fe, maravillosa y vivificante, en el propósito que ella le revela, en la vida que le promete, en el camino que le muestra, en el Reino de los Cielos que proclama? Tiene que llegar un cristiano nuevo —un recién convertido— para sacudirlo de su letargo y de su visión tan estrecha. Y el cristiano nuevo —si no se bautizó para poder casarse, o para obtener poder y honores— verdaderamente llega como un estímulo, como una renovación… y también como una llamada a la vergüenza.Se cuenta del rey franco Clodoveo que, al escuchar acerca de los sufrimientos que Cristo padeció a manos de los judíos, exclamó: “¡Ah, si yo hubiera estado allí con mis francos, me habría vengado cruelmente de todas las injusticias cometidas contra Él!”. Si dejamos de lado aquí la venganza, queda el amor ardiente de un cristiano nuevo hacia su Salvador.

Pero también los cristianos no-convertidos pueden renovarse si comienzan a mantenerse vigilantes, si comienzan a valorar plenamente el tesoro inestimable de su fe, si se alejan de las torpes costumbres de la insensibilidad. La vigilancia incesante sobre su más preciado tesoro, el asombro constante, la renovación, la transfiguración y la resurrección: he aquí la norma evangélica que salva. Pero, ante todo, está la vigilancia sobre el tesoro de su fe y su protección contra los ladrones, de los cuales los primeros somos nosotros mismos, por nuestra ignorancia y nuestra insensibilidad.

(Traducido de: Sfântul Nicolae Velimirovici, Răspunsuri la întrebări ale lumii de astăzi, vol. 2, Editura Sophia, Bucureşti, 2003,  pp. 212-213)

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