Palabras de espiritualidad

Así es como te ve el maligno, hermano

  • Foto: Andreea Trandafir

    Foto: Andreea Trandafir

El demonio no ha hecho nada por ti; solamente te oprime con el pecado, y, sin embargo, tú trabajas para él con gran empeño y sin descanso.

Contempla el pecado desde el punto de vista del demonio, su primer inventor y propagador, y mira para quién estás trabajando cuando pecas. Dios lo ha hecho y lo hará todo por ti, pero tú no quieres agradarle. El demonio no ha hecho nada por ti; solamente te oprime con el pecado, y, sin embargo, tú trabajas para él con gran empeño y sin descanso. Por medio del pecado tú lo ayudas, mientras él te hace daño. Te atrae hacia el pecado prometiéndote su dulzura, pero a quienes caen en el pecado los atormenta y los tortura. Aquí te convence de que tus pecados no son nada, pero allí te los pondrá delante para tu vergüenza, como cosas de la mayor importancia. Salta de una alegría maliciosa cuando alguien cae en las redes del pecado y queda atrapado en ellas. Comprende, hermano, todas estas cosas y levántate con odio contra este aborrecedor de los hombres y contra todas sus obras.

Cuando hayas profundizado así, una tras otra, en tu corazón, aquellas emociones que lo ablandan y hacen nacer el arrepentimiento —el horror y el temor, la tristeza y la amargura, el disgusto y el odio hacia el pecado—, poco a poco tu corazón se calentará y comenzará a conmoverse; y entonces tu voluntad debilitada empezará a cobrar fuerzas y a ponerse manos a la obra. Así como los voltios de la corriente eléctrica transmiten al cuerpo una determinada tensión e impulso, o como el aire fresco y limpio de la mañana da frescura y vigor, así también este sentimiento que llena el alma despierta la fuerza adormecida y hace renacer el deseo y la determinación de librarte del peligro.

Así comenzará tu preocupación por tu propia salvación. Empieza con firmeza desde este mismo momento.

(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Calea spre mântuire, Editura Bunavestire, Bacău, 1999, pp. 64-65)