¡Busca siempre la paz!
Es necesario perseverar tras ella, permanecer en su camino y dejarse conducir por esa paz que sobrepasa toda inteligencia y en la que Dios mismo habita.
“Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela” (Salmo 33, 13).
Si no aborrecemos el mal, no podemos amar el bien. Más aún: debemos practicar el bien para mantenernos alejados del mal.
La paz debe ser buscada para librarnos de la guerra. Pero no basta con buscarla; una vez que hemos encontrado esa paz que se había apartado de nosotros, debemos seguirla, pues ella supera todo entendimiento (Filipenses 4, 7) y en ella está la morada de Dios, como dice el Profeta: “Y en la paz estableció Él su morada” (Salmos 75, 2).
Por eso, no es suficiente desear la paz o encontrarla por un instante; es necesario perseverar tras ella, permanecer en su camino y dejarse conducir por esa paz que sobrepasa toda inteligencia y en la que Dios mismo habita.
(Traducido de: Fericitul Ieronim, P.L. 22,1080)
