Cómo acercarnos al hermano que ha errado
Desde entonces no falta entre nosotros y muestra gran celo en todas las tareas que realiza. En casos así, es necesario tratar al hombre con suavidad y bondad.
Desafortunadamente, algunos monjes piden perdón, se confiesan, pero en su interior conservan aversión hacia otros. De esta manera, la Gracia de Dios no desciende hacia ellos.
Recuerdo que tuvimos un vecino, un artesano que hacía diversos trabajos, por los que recibía una paga. No sé cómo ocurrió, pero de repente empezó a discutir y a insultarse con todos. “¿Qué puedo hacer?”, me decía a mí mismo, “¿cómo podría ayudarlo?”.
Un día fui a su casa. Cuando me vio, se desconcertó por completo; se puso pálido. Pensaba que había ido a reprenderlo. Pero yo comencé a hablarle de sus árboles, a elogiar sus frutos; conversamos sobre la hospitalidad… Y eso fue todo.
Su corazón se encendió. Desde entonces no falta entre nosotros y muestra gran celo en todas las tareas que realiza. En casos así, es necesario tratar al hombre con suavidad y bondad.
(Traducido de: Părintele Porfirie Kafsokalivitul, Antologie de sfaturi şi îndrumări, Editura Bunavestire, Bacău, pp. 33-34)
