¿Cómo puedo saber si estoy en el camino correcto?
Hijo, si te metes en el fango y tratas de caminar, sientes que el zapato se te vuelve pesado y que está mojado. Si estás en un terreno más seco, ves que caminas con mayor facilidad.
¿Cómo podemos vencer la indecisión?
— ¡Te quedas como un necio en medio del camino, eso es lo que sucede! Cristo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida... Sin mí no pueden hacer nada... El que no recoge conmigo, desparrama”. Así que sabemos lo que tenemos que hacer.
¿Cómo podemos darnos cuenta de que estamos en el camino correcto?
— Pues, hijo, si te metes en el fango y tratas de caminar, sientes que el zapato se te vuelve pesado y que está mojado. Si estás en un terreno más seco, ves que caminas con mayor facilidad. ¿Cómo no vas a darte cuenta? ¿Acaso no conoces los mandamientos de Cristo?
Hay varias clases de tentaciones: de arriba, de abajo, de delante, de detrás, de la izquierda y de la derecha.
La tentación de arriba consiste en pedirle a Dios más de lo que puedes soportar. Como dijo San Agustín, que quería escribir un libro en el que pudiera abarcar a Dios.
La tentación de abajo consiste en no hacer por tu salvación ni siquiera aquello que tienes bajo tus pies; es decir, ni siquiera aquello que puedes percibir con tu propio ser. No lo pones en práctica, no te interesa. Estás muerto en lo que respecta a la formación espiritual y a la veneración de Dios.
La tentación de delante se presenta cuando tienes la tentación justo ante tus ojos y el simple hecho de verla ya te tienta. Y entonces empiezan las formas, las imágenes... Porque hay alguien que te presenta estas cosas: el demonio. Él las adorna y las hace más atractivas...
La tentación de detrás aparece cuando recuerdas pecados pasados, recuerdos retrospectivos que no son tan peligrosos porque no los estás viendo; pero, si no te contienes, empiezas a verlos. Además, esta tentación cobra fuerza porque ya los has vivido.
La tentación de la izquierda se da cuando cometes el pecado por el pecado mismo: “¡Lo hago porque es pecado!”. Es decir, lo haces a sabiendas.
La tentación de la derecha consiste en hacer las cosas de Dios sin el debido discernimiento. En el Paterikon egipcio hay muchísimos ejemplos: el demonio se apareció a distintos monjes bajo la forma de ángeles e incluso bajo la apariencia de Cristo, diciéndoles: “¡Yo soy Cristo! ¡Adórame!”. Si el monje es ingenuo, se dice para sus adentros: “¡Qué honor para mí!”, y cae en la trampa.
(Traducido de: Ne vorbește Părintele Arsenie, ediția a II-a, volumul III, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, pp. 116-117)
