¡Confío en Ti, Señor!
Mi esperanza te espera, Señor. Esperarte a Ti es el único contenido y el verdadero sentido de mi mañana.
Mi esperanza te espera, Señor. Esperarte a Ti es el único contenido y el verdadero sentido de mi mañana.
La hierba espera el rocío y no queda defraudada. La montaña espera el trueno y no queda defraudada. El topo, bajo la tierra, espera su alimento y no es engañado. Tú colmas los deseos y las esperanzas de todas las criaturas. Yo te espero a Ti, y Tú vienes a mi encuentro. Con la misma prontitud con que yo me acerco a Ti, así también Tú vienes hacia mí.
¿Qué es el mañana, hijos de la tierra, sino su esperanza? Si arrancan de raíz toda esperanza, también morirá su deseo de contemplar el amanecer del día siguiente. No murmuren contra el Cielo porque no les concede todas sus esperanzas. Murmuren más bien contra ustedes mismos, porque no saben esperar. El Cielo no cumple esperanzas dispersas, sino la verdadera Esperanza. La esperanza más sublime y más pronta, el Cielo la cumple siempre.
No murmuren contra el Cielo porque no se ocupe de los asuntos de sus familias ni intervenga en las intrigas que unos tejen contra otros. El Cielo discierne y es misericordioso. Discierne todo lo bueno que hay en cada cosa y tiene misericordia de su debilidad, siempre que esta vaya acompañada de buena voluntad.
Mi esperanza no es una simple conjetura, sino la certeza de que Tú vendrás. Tú lo has prometido, y yo llevo en mi alma el sello de Tu promesa. Si aún no has venido, la culpa no es Tuya, sino mía. Tú eres bueno y misericordioso, y no quieres avergonzarme en mi indignidad. Por eso te acercas poco a poco y siempre anuncias Tu venida.
(Traducido de: Sfântul Ierarh Nicolae Velimirovici, Rugăciuni pe malul lacului, Editura Anestis, 2006, pp. 69-70)
