Consejos para una joven casada
Debes saber que estas son como medicamentos de Dios y dan testimonio de la atención que Él te está dedicando.
«¡La misericordia de Dios sea contigo!
¡Tienes solo penas y más penas! Debes saber que estas son como medicamentos de Dios y dan testimonio de la atención que Él te está dedicando. Tienes que darle gracias al Señor y permitir que Él te sane; es decir, no entorpezcas con ninguna oposición la obra sanadora de estas medicinas.
Vamos a pedirle al Señor que te dé fortaleza para sobrellevar con valentía lo que ha sucedido. Tu esposo está abatido: siente el peso de su culpa. Y está bien que se haya propuesto no volver a hacer algo así.
No debes importunarlo con reproches, sino compadecerlo y animarlo, diciéndole que, poco a poco, las cosas se arreglarán. Si comienzas a insistirle y recriminarle, de ello no saldrá ningún bien, sino solo molestias y división.
¡Que el Señor los salve a todos y tenga misericordia de ustedes!»
(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Mântuirea în viața de familie, Editura Sophia, 2004, p. 68)
