Cual retoños en la viña de Dios

 

Reflexionando sobre esto, debemos volver a la verdadera contrición y sus frutos, sin los cuales esta no podría ser auténtica.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

¿Ves cómo la viña da sus frutos a quien la plantó, como dice el Apóstol, “¿Quién planta una viña y no come de sus frutos?” (I Corintios 9, 7)?

Cada cristiano es como un retoño que fue sembrado en la viña de la Santa Iglesia, cercado con la fuerza de la Ley de Dios, regado con la Palabra del Señor y fertilizado con los Sacramentos. Por eso es que cada uno debe presentarle a Dios, su Sembrador y Abastecedor, el fruto de sus virtudes, es decir, del amor, la paciencia y la mansedumbre, “el fruto de los labios que celebran Su Nombre” (Hebreos 13, 15).

Si hubiera alguno que no presente un fruto bueno, que sienta temor a no ser cortado, como dice el Predecesor: “Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mateo 3, 10). Reflexionando sobre esto, debemos volver a la verdadera contrición y sus frutos, sin los cuales esta no podría ser auténtica.

(Traducido de: Sfântul Tihon din Zadonsk, Dumnezeu în împrejurările vieţii de zi cu zi, Editura Sophia, Bucureşti, 2011, p. 105)