Palabras de espiritualidad

Cuando el hombre ve a sus semejantes como simples cosas

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Cuando toda la atención del hombre se dirige a lo material, de manera casi inevitable también la persona termina siendo reducida al nivel de cosa o instrumento.

El amor a mandar a los demás es el espíritu de maldad que perjudica nuestra conducta hacia los otros, despreciándolos y transformándolos en simples instrumentos y medios de provecho; porque rebaja la dignidad del ser humano, colocándolo al nivel de las cosas.

La verdadera autoridad entre los hombres no es interesada, sino servicial, según el ejemplo y la palabra del Señor: “El que quiera ser el más grande entre ustedes, que sea el servidor de todos” (Mateo 20, 26). El servicio al prójimo es un mandamiento evangélico y obra de gran honor: es un servicio a Dios Mismo.

Vemos que también el amor a mandar está ligado a la excesiva preocupación por muchas cosas. En efecto, cuando toda la atención del hombre se dirige a lo material, de manera casi inevitable también la persona termina siendo reducida al nivel de cosa o instrumento, en algo que no vale más que el provecho que produce.

(Traducido de: Ieromonahul Petroniu Tănase, Chemarea Sfintei Ortodoxii, Editura Bizantină, București, 2006, p. 69)



 

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