Cuando perseveramos y la Gracia acude en nuestro auxilio...
Entonces ya no tendremos que esforzarnos para tener buenos pensamientos; será la Gracia que permanece en nosotros la que los traerá a nuestra mente sin esfuerzo alguno de nuestra parte.
Mientras más rápido adquieres una virtud, con mayor facilidad la pierdes. Cuanto más lentamente y con mayor esfuerzo la adquieres, tanto más firme permanece; exactamente como aquella planta que había crecido alta y le dijo al ciprés:
—¡Mira cuánto he crecido en sólo unos días! Tú llevas aquí tantos años y no has crecido gran cosa.
—Sí —respondió el ciprés—, ¡pero tú aún no has vivido fuertes tormentas, grandes vendavales ni inviernos helados!
Y al cabo de un tiempo, la planta se secó, mientras que el ciprés permaneció donde estaba. Así sucede también con el hombre espiritual: tanto en tiempos de tormenta como en tiempos de serenidad sigue siendo el mismo. ¿Por qué? Porque el largo paso del tiempo ha creado estabilidad. Cuando al principio renunció al mundo, su condición espiritual era inestable; pero la Gracia de Dios obró su salvación y su liberación de las pasiones. Por eso, el hombre debe esforzarse hoy, y la Gracia de Dios comenzará mañana a actuar por sí misma. Entonces ya no tendremos que esforzarnos para tener buenos pensamientos; será la Gracia que permanece en nosotros la que los traerá a nuestra mente sin esfuerzo alguno de nuestra parte. ¡Y entonces contemplaremos grandes misterios!
(Traducido de: Părintele Efrem Filotheitul – Comori duhovniceşti din Sfântul Munte Athos, Editura Bunavestire, Bacău, 2001, pp. 162 – 163)
