De cómo esta vida nos sirve para preparar la siguiente
No vence el inteligente, ni el de noble ascendencia, ni el que habla sin cesar, ni el rico, sino aquel que es objeto de ofensas y las soporta con paciencia. Aquel que es tratado injustamente y perdona; aquel que es difamado y guarda silencio...
Escuchen las palabras de este humilde monje, el último de todos, y no me consideren un hombre sin instrucción ni estudios. Abran los ojos de sus almas y vean qué hay más allá de este mundo.
Los hombres del mundo aman el mundo porque todavía no han conocido su amargura. Aún están ciegos de alma y no ven lo que se esconde detrás de esta alegría pasajera. No han llegado a la luz que da entendimiento, no han llegado al día de su salvación.
Pero ustedes, que han visto y escuchado tantas cosas, deben comprender que los placeres pasajeros se van como la sombra, y el tiempo de nuestra vida huye, pasa rápidamente y no conoce retorno. El tiempo de esta vida es tiempo de siega y de cosecha. Cada uno va reuniendo alimento —lo más puro que pueda— para la otra vida.
No vence el inteligente, ni el de noble ascendencia, ni el que habla sin cesar, ni el rico, sino aquel que es objeto de ofensas y las soporta con paciencia. Aquel que es tratado injustamente y perdona; aquel que es difamado y guarda silencio; aquel que se hace a sí mismo una esponja para borrar, y con ella borra todo cuanto escucha de los demás, por muy sabio que parezca.
Este es quien se purifica y resplandece más que los demás. Este alcanza grandes medidas espirituales. Este se alimenta de la contemplación de los misterios divinos.
En fin, un hombre así ya está desde esta vida en el Paraíso. Y cuando le llegue la hora de la muerte, apenas se cierren sus ojos terrenales, se le abrirán los ojos interiores, los ojos del alma. Y en tanto piensa en las cosas de allá, se encontrará de pronto en aquello que desea, sin siquiera comprender cómo sucedió. De la oscuridad va a la luz; de las aflicciones, al descanso; de la turbación, al puerto tranquilo; de la guerra, a la paz eterna.
(Traducido de: Gheron Iosif Isihastul, Mărturii din viața monahală, Editura Bizantină, 2007, p. 55)
