Palabras de espiritualidad

De cómo hacer para conservar la Gracia en nuestro interior

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

El venerable Serafín de Sarov tenía veintisiete años cuando vio al Señor; y su alma llegó a amar a Dios de tal manera que quedó completamente transformada por la dulzura del Espíritu Santo.

El Señor se alegra del alma que se arrepiente con humildad y le concede la Gracia del Espíritu Santo. Conozco el caso de un hermano en obediencia que recibió al Espíritu Santo después de seis meses en el monasterio; otros lo recibieron después de diez años, y algunos vivieron cuarenta años o incluso más antes de conocer la Gracia. Pero nadie pudo conservar ese don, porque no somos humildes.

El venerable Serafín de Sarov tenía veintisiete años cuando vio al Señor; y su alma llegó a amar a Dios de tal manera que quedó completamente transformada por la dulzura del Espíritu Santo. Más tarde, al darse cuenta de que aquel don ya no estaba con él, se retiró al desierto y permaneció durante tres años sobre una roca, orando: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”.

El alma que ha conocido a Dios por medio del Espíritu Santo se lanza hacia Él con todo su ser; su recuerdo la atrae con fuerza, y llega a olvidarse del mundo. Pero cuando vuelve a acordarse de Él, desea ardientemente que esa misma Gracia sea concedida a todos y ora por toda la humanidad. El mismo Espíritu Santo la impulsa a orar para que todos los hombres se arrepientan y lleguen a conocer a Dios, y cuán infinita es Su misericordia.

(Traducido de: Cuviosul Siluan Athonitul, Între iadul deznădejdii și iadul smereniei, Editura Deisis, Sibiu, 2000, p.92)


 

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