Palabras de espiritualidad

De los bienes materiales y los bienes espirituales

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

¡Ay de aquel que toma la sola invitación del Rey por el verdadero banquete, se jacta y se regocija neciamente en ella, y olvida responder al llamado del Rey!

Si crees en Dios, pero al mismo tiempo piensas que los bienes naturales son las pequeñas bondades que Dios da a los hombres, entonces tu comprensión de Dios es muy limitada.

Todos los bienes naturales terminan en amargura. Y Dios no es un cazador que atrae a las fieras con carnadas.

Los bienes naturales son dones de segunda mano de Dios. Los dones de primera mano son los bienes espirituales.

Dios concede los bienes naturales con un solo propósito: recordarnos los bienes más altos, más dulces y más duraderos. En verdad, quien no entiende esto no es sabio; y quien no lo hace suyo es un desdichado.

Los bienes naturales, junto con todo el universo, no son más que la invitación al banquete del Rey, el anuncio de los manjares y los obsequios, de los cantos y las danzas.

Dichoso el que se alegra por la invitación y se apresura a responder. Dichoso el que considera la invitación solo como invitación.

Pero ¡ay de aquel que toma la sola invitación del Rey por el verdadero banquete, se jacta y se regocija neciamente en ella, y olvida responder al llamado del Rey!

(Traducido de: Sfântul Nicolae VelimiroviciÎnvățături despre bine și rău, Editura Sophia, București, 2006, pp. 75 76)