Deja que la oración obre sola

 

El Nombre de Jesús es un medio concreto y poderoso para transfigurar a los hombres en su realidad más profunda y divina.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

En 1963, un monje ortodoxo, el archimandrita Lev Gillet, publicó el que habría de convertirse en el mejor trabajo moderno sobre la “Oración de Jesús”, llamado simplemente The Jesus Prayer. El padre Lev, francés de nacimiento, había sido inicialmente un devoto monje benedictino. Atraído por el cristianismo oriental, se dedicó a explorar la Ortodoxia, hasta llegar a convertirse, finalmente, en un cristiano ortodoxo. [...]

Deja que la oración obre sola.

Empezando a pronunciar el Nombre de Jesús con tu oración ferviente”, escribe él, “todo lo que hay que hacer es aferrarnos a él y repetirlo lentamente, despacio y en silencio.”

No te apresures en repetir la oración”, dice el padre Lev. “Y no la pronuncies deprisa. Si te cansas, deja de orar. Pero, aún cuando no estés orando, sin importar lo que hagas, intenta mantenerte atento al deseo de permanecer siempre en presencia de Jesús. La Santa Escritura caracteriza ese estado, así: Yo dormía, pero mi corazón velaba” (Cantar 5, 2).

¿Cuáles son los frutos de repetir sin cesar el Nombre de Jesús? El padre Lev afirma: “El Nombre de Jesús es un medio concreto y poderoso para transfigurar a los hombres en su realidad más profunda y divina. El padre nos exhorta a repetir la oración en silencio mientras vamos de camino al trabajo, cuando caminamos en la calle, invocando el Nombre de Jesús sobre cada persona que nos encontramos y tratando de comportarnos siempre de una forma tal que sugiera a quienes nos rodean que queremos vivir para Cristo.

(Traducido de. Norris J. Chumley, Tainele Rugăciunii lui Iisus, traducere de Dragoș Dâscă, Editura Doxologia, Iași, 2014)