Palabras de espiritualidad

Del admirable ejemplo de la Madre del Señor

  • Foto: Tudorel Rusu

    Foto: Tudorel Rusu

La misión de nuestra vida es reflejar, por medio de nuestras obras, la gloria de Dios: aquella gloria para la cual Él nos creó desde el principio y por la cual nos sostiene y cuida sin cesar.

Tal como la humildad y entrega de sí misma de la Madre de Dios apresuró la llegada de la hora de su Hijo, en la que el Señor manifestó su gloria para fortalecer a los discípulos en la fe, así también los santos, por la firmeza de su fe y por una esperanza que está por encima de toda esperanza, apresuran la hora de la gran misericordia de Dios

Tal vez ellos no comprendan siempre por qué el Señor permite semejantes pruebas en sus vidas, pero permanecen inconmovibles en la certeza de que toda justicia y toda virtud pertenecen a Dios, quien permanece bendito y amado por los siglos.

El padre Sofronio decía que, cuando, al igual que los santos, queremos ofrecer a Dios un verdadero arrepentimiento hasta la muerte, no se nos permiten preguntas como: “¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Por qué me tratas así, Señor?”. Para nosotros, la verdadera sabiduría se manifiesta en la pregunta: “Señor, ¿qué debo hacer para no caer en pecado y no verme privado de tus promesas?”.

Aunque son muy pocos, los testimonios de la Escritura acerca de la vida de la Madre de Dios son verdaderas perlas de gran valor que nos abren el camino hacia la comprensión de los misterios de Dios.

El milagro realizado por el Señor en Caná de Galilea tenía como propósito fortalecer a los discípulos en la fe, pues correspondía que Cristo se revelara primero a ellos y después a las multitudes. Cuando el Señor convirtió el agua en vino, los ojos de los discípulos se abrieron. Al mismo tiempo, también tuvo lugar un gran cambio en la vida de la Madre de Dios: hasta entonces, Cristo había estado sujeto a ella, en obediencia a la Ley; pero, desde aquel momento, ella se sometió a Él, tanto como Madre como sierva Suya.

La misión de nuestra vida es reflejar, por medio de nuestras obras, la gloria de Dios: aquella gloria para la cual Él nos creó desde el principio y por la cual nos sostiene y cuida sin cesar.

(Traducido de: Arhimandritul Zaharia Zaharou, Adu-ți aminte de dragostea cea dintâi (Apocalipsa 2, 4-5) – Cele trei perioade ale vieții duhovnicești în teologia Părintelui Sofronie, Editura Doxologia, Iași, 2015, pp. 233-234)