El amor que abarca todo
Al corazón que ha aprendido a amar le duele el dolor de toda criatura.
Debemos tener un corazón lleno de misericordia, y no solo amar a las personas, sino también compadecernos de toda criatura, de todo lo que ha sido creado por Dios.
Si ves una hoja verde en un árbol y la arrancas sin necesidad, aunque lo que hiciste no sea un pecado, yo me compadezco de esa hoja. Al corazón que ha aprendido a amar le duele el dolor de toda criatura. Pero el ser humano es la más grande de las criaturas. Por eso, si ves que alguien se ha extraviado y va camino a la perdición, ora por él y llora por él, si puedes; y si no puedes llorar, al menos suspira por él delante de Dios. El Señor ama al alma que obra de esta manera, porque entonces se asemeja a Él.
Así oraba Paisos el Grande por su discípulo, que había renegado de Cristo y se había casado con una mujer judía, pidiendo al Señor que lo perdonara. Y el Señor se alegró tanto de aquella oración, que quiso consolar Él mismo a Su siervo. Se le apareció y le dijo:
—Paisos, ¿por qué oras por aquel que Me ha negado?
Y el padre respondió:
—Señor, Tú eres misericordioso; perdónalo.
Entonces el Señor le dijo:
—¡Oh, Paisos! Por tu amor te has hecho semejante a Mí.
Tan agradable es para el Señor la oración por nuestros enemigos.
(Traducido de: Cuviosul Siluan Athonitul, Între iadul deznădejdii și iadul smereniei, Editura Deisis, 1996, pp. 93-94)
