Palabras de espiritualidad

El arte y virtud de “cortar” nuestra voluntad

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Anulándola, cortándola así continuamente, esto llega a convertirse en un hábito para él; y comenzando por las cosas pequeñas, llega a cortar con serenidad también las grandes.

Tal como una persona que camina por el camino, al encontrar un tronco y apartarlo, avanza un poco más en su recorrido, así sucede con quien progresa anulando su propia voluntad.

Porque al renunciar a su voluntad adquiere desapego, y por medio de ese desapego llega, con Dios, a la perfecta apatheia. Puede, en un breve tramo del camino, “cortar” diez veces su voluntad. Ve algo y el pensamiento le dice: “Mira eso”, y él le responde al pensamiento: “No lo voy a mirar”; y corta su voluntad. Y no mira. Posteriomente encuentra a algunos que lo critican, y el pensamiento le dice: “Di tú también esa palabra”. Y él corta su voluntad y no la dice. Después el pensamiento le dice: “Ve y pregúntale al cocinero qué está preparando”. Y no va, y corta su voluntad. Ve otra cosa y el pensamiento le dice: “Pregunta quién trajo eso”. Y él corta su voluntad y no pregunta.

Y anulándola, cortándola así continuamente, esto llega a convertirse en un hábito para él; y comenzando por las cosas pequeñas, llega a cortar con serenidad también las grandes. Y así llega a no tener ya voluntad propia en absoluto.

Y cualquier cosa que le suceda la recibe en paz, como si fuera algo suyo. Y de este modo, sin querer hacer su propia voluntad, se encuentra haciéndola siempre. Porque al no tener nada como propio, todo lo que sucede pasa a ser suyo.

Y así llega, como he dicho, a no tener apego alguno; y desde ese desapego, como ya dije, alcanza la apatheia.

(Traducido de: Avva Dorotei, Filocalia, vol. IX, traducere de Pr. Prof. Dr. Dumitru Stăniloaie, Editura Humanitas, Bucureşti, 2009, p. 433)

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