El entendimiento entre los miembros de la familia
Una familia cristiana, la “Iglesia doméstica”, se forma solamente cuando ese “llegar a un entendimiento” constituye una verdadera encarnación de la fe, la esperanza y el amor cristianos.
La dificultad en una relación radica en el hecho de que amar no es lo mismo que sentir agrado. Siempre existen rasgos y cualidades del otro que uno de los miembros de la pareja no acepta o no le agradan. Puede ser la arrogancia o la pereza, la charlatanería o la impaciencia, ciertos hábitos y gustos heredados de la familia de la que procede uno de ellos, ciertas idiosincrasias superficiales. Hay situaciones en las que un esposo y una esposa, sencillamente, se sacan de quicio mutuamente.
¿Cómo hace uno de ellos, desde el amor, para afrontar aquellos rasgos del otro que le desagradan? Esta naturaleza áspera de la vida matrimonial es lo que podría llamarse “ascética”, y he oído a monjes experimentados decir que el esfuerzo ascético de la vida matrimonial es mayor que el de un monje dentro de una comunidad monástica.
En otros grupos sociales, puedes evitar a una persona que tiene rasgos que te molestan. Puedes controlarte y soportar ciertos rasgos exasperantes durante un período limitado de tiempo; pero en una familia no existe la posibilidad de aislarse. Tal como eres, tienes que llegar a un entendimiento con los demás miembros de tu familia, tal como ellos son.
Una familia cristiana, la “Iglesia doméstica”, se forma solamente cuando ese “llegar a un entendimiento” constituye una verdadera encarnación de la fe, la esperanza y el amor cristianos.
(Traducido de: Sophie Koulomzin, Biserica și copiii noștri, traducere de Doina Rogoti, Editura Sophia, București, 2010, p. 122)
