Palabras de espiritualidad

El gozo de saberme cristiano

  • Foto: Tudorel Rusu

    Foto: Tudorel Rusu

Translation and adaptation:

A la presencia siempre nueva de Cristo debo el no pudrirme ni fermentar en el rencor contra los demás y contra mí mismo.

¿Cómo estaría yo, con todo el fango de mi pasado, con mi vida desperdiciada y convertida en un comedero de cerdos, si no fuera cristiano?

Pero lo soy. Y ahora también a mí las campanas me llaman amistosamente, con familiaridad. El cristianismo conserva en mí algo de juventud, y me libra del hastío, del desencanto, del asco y del resentimiento.

A la presencia siempre nueva de Cristo debo el no pudrirme ni fermentar en el rencor contra los demás y contra mí mismo. Esa es mi dicha, insólita e inesperada: haber recibido el don de creer en Dios y en Cristo, sabiendo, por otra parte, lo que dijo Unamuno: creer en Dios significa desear que Él exista y, además, comportarse como si existiera.

Solo por ser cristiano viene a visitarme —contra toda razón— la felicidad, esa extraña ganancia. Solo gracias al cristianismo no camino por las calles de la ciudad, de día o de noche —ese espacio proustiano descompuesto por el tiempo—, tenso y ofendido; ni llego a ser yo también —como dice François Mauriac en Destinos— uno de esos cadáveres que la corriente de la vida arrastra todavía vivos; ni me cuento entre quienes aún no han comprendido —Hechos 20, 35— que hay más dicha en dar que en recibir.

(Traducido de: Nicolae Steinhardt, Jurnalul fericirii, Editura Mănăstirii Rohia, Rohia, 2005, p. 412)



 

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