El inefable poder del servicio al prójimo

 

Si no logramos entender el sentido del servicio a los demás, nuestra vida carecerá de propósito. Para decirlo con otras palabras, si queremos renovar nuestro ser, hagámonos semejantes a Dios, dejando que nuestra vida sea conducida por el deseo de servirle a nuestro prójimo.

El peor castigo para el hombre es que Dios lo deje a su propia suerte. En nuestros tiempos, tan lejanos de Cristo, nadie entiende esta engañosa esclavitud.

La oración pura presupone la falta de preocupaciones. Es una oración que podemos alcanzar, cuando, hagamos lo que hagamos, nuestra mente está dispuesta a pensar y a vivir solamente por medio del santo Nombre y la Gracia de Dios.

Yo no vine a imponer mi voluntad a nadie, sino a servir a los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo. Intentemos vivir así, y veremos que la Gracia estará con nosotros. Después, asumamos esa misma actitud en cada instante de nuestra vida.

Si no logramos entender el sentido del servicio a los demás, nuestra vida carecerá de propósito. Para decirlo con otras palabras, si queremos renovar nuestro ser, hagámonos semejantes a Dios, dejando que nuestra vida sea conducida por el deseo de servirle a nuestro prójimo.

Ciertamente, el servicio al prójimo tiene una gran fuerza redentora, muchísimo más grande que cualquier teoría teológica. ¿Cómo podemos conocer a Dios tal cual es? Cristo nos muestra el camino, cuando nos pide vivir en santidad para no perjudicar a nuestro hermano, de manera que logremos apreciar al otro mucho más que a nosotros mismos, rehusando cualquier intención de querer subyugarlo.

(Traducido de: Arhimandritul SofronieDin viață și din Duh, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2014, pp. 45-46)