Palabras de espiritualidad

El joven necesita también del alimento para el alma

  • Foto: Florentina Mardari

    Foto: Florentina Mardari

Sin este alimento espiritual nos volvemos estériles, endurecidos, secos, insensibles, malos, envidiosos, orgullosos y tantas cosas más.

Padre, ¿cuál debería ser la norma diaria de oración de un estudiante?

En Atenas hubo una vez una pareja de estudiantes que impresionó profundamente a sus contemporáneos. Eran Gregorio y Basilio. A uno de ellos toda la cristiandad lo recuerda con el nombre de San Basilio el Grande, y al segundo como Gregorio el Teólogo.

Esta era aquella dichosa pareja de estudiantes de Atenas que, además de sus estudios, se preocupaban también por el Evangelio. En su vida tenían dos caminos, como nos dice San Gregorio, compañero de estudios de San Basilio: un camino era el de la escuela y el otro, el de la Iglesia.

Así también deben entrelazar su vida nuestros estudiantes contemporáneos, entre los estudios y la oración. No sabemos exactamente cómo pueden organizar su horario, pero, además del alimento corporal que, queramos o no, buscamos y del que nos alimentamos, necesitamos también alimento espiritual, sin el cual morimos. ¡Morimos aunque sigamos viviendo! Morimos espiritualmente.

Sin este alimento espiritual nos volvemos estériles, endurecidos, secos, insensibles, malos, envidiosos, orgullosos y tantas cosas más. Por eso, es bueno alimentarnos tanto de una cosa como de la otra.

Como dice nuestro Señor Jesucristo: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas la demás se os dará por añadidura” (Mateo 6, 33).

(Traducido de: Arhimandritul Ioanichie Bălan,  Ne  vorbește  Părintele  Sofian (Boghiu)vol. I,Editura Episcopiei Romanului, 1997, pp. 58-59)