El miedo a las cosas del mundo, señal de una fe débil
Si le tienes miedo a algo del mundo, significa que no tienes temor de Dios; y, por el contrario, quien teme a Dios no le teme a nada.
El temor de Dios y el temor “mundano” no son dos actitudes diferentes por naturaleza, sino una misma actitud fundamental del ser humano, orientada, sin embargo, hacia fines distintos. Esto se desprende claramente de la enseñanza de los Santos Padres, quienes muestran cómo una excluye a la otra: si le tienes miedo a algo del mundo, significa que no tienes temor de Dios; y, por el contrario, quien teme a Dios no le teme a nada: “El que se ha hecho siervo del Señor no temerá sino solamente a su Señor. Pero quien todavía no le teme, tiene miedo hasta de su propia sombra”, escribe, por ejemplo, San Juan Clímaco.
Por eso, los Santos Padres dicen que el miedo, como pasión, es favorecido por la “falta de libertad del alma”, a la que llega el hombre cuando no tiene al Espíritu divino habitando en su alma: “…tuve miedo, porque estaba desnudo”, dice Adán después de haber transgredido el mandamiento (Génesis 3, 10).
(Traducido de: Jean Claude-Larchet, Terapeutica bolilor spirituale, Editura Sophia, Bucureşti, 2006, p. 189)
