El santo que salvó a Bucarest de la ‟peste de Caragea”

 

Los fieles empezaron a pedir el auxilio de San Caralampio, convencidos de que era el único que podía salvarlos de la enfermedad y, después de varios días de oraciones y fervientes súplicas, la peste desapareció.

San Caralampio es conocido en la tradición de nuestro pueblo como un gran protector y sanador en casos de epidemia y hambruna. La confirmación de esto la encontramos en su himno acatisto: “¡Alégrate, tú que nos libras de la peste y de la hambruna!”.

El motivo por el que lo llamamos así tiene relación con un suceso menos agradable: la epidemia de peste que castigó a Valaquia en 1813. Cada día morían más de 300 bucarestinos. Llamada la “peste de Caragea”, por haber ocurrido en tiempos del gobernador fanariota Juan Jorge Caragea, terminó con la vida de al menos 90 000 personas.

Sobre la situación dramática de esta epidemia quedaron como testimonio perenne las palabras del sacristán Juan Sin Dobre, de la parroquia Batiştei: “La ciudad estaba desolada y todo era muerte hasta donde abarcaban tus ojos… ¡Todo era ruina! Por momentos, se escuchaba una voz: ‘¡Atención, que vienen los enterradores!’. Y pasaban con una carreta donde iban 8, 10 muertos, uno sobre otro… Recogían los muertos que podían, de los que yacían en todas las calles de la ciudad”.

De acuerdo con distintos documentos que se han conservado de aquella época, los fieles empezaron a pedir el auxilio de San Caralampio, convencidos de que era el único que podía salvarlos de la enfermedad y, después de varios días de oraciones y fervientes súplicas, la peste desapareció.

La cabeza de San Caralampio se encuentra en el Monasterio de San Esteban, en Meteora, para su veneración. Fragmentos de sus reliquias se conservan en el Monasterio Miclăușeni de Iași, en el Monasterio Râșca de Suceava, en la Catedral de Galați, así como en las iglesias “Stavropoleos”, “San Demetrio”, “Santos Arcángeles” y “San Estiliano”, de Bucarest.