Palabras de espiritualidad

El testamento de una madre de 90 años

    • Foto: Doxologia

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Translation and adaptation:

Hagan todo el bien que puedan y no falten jamás a la iglesia.

Este es el testamento de una mujer que murió a los 90 años. Tuvo cuatro hijas, un hijo y 15 nietos. Antes de morir, les dejó estas últimas palabras, talvez llenas de faltas gramaticales y sin orden aparente, pero llenas de un rico contenido espiritual:

“Queridos hijos míos... (aquí escribe los nombres de cada uno de ellos, incluyendo yernos, nuera y a todos sus nietos... un total de 25 nombres).

Los beso y los abrazo a todos. Sé que abrirán esta carta y la leerán después de mi muerte.

Les pido que lo primero que hagan, cada mañana, al levantarse, es lavarse la cara, encender la vela e inciensar toda la casa. Después hagan las oraciones que solíamos repetir juntos. Lo mismo deberían hacer, si quieren, sus esposos, mi nuera y mis nietos. Luego podrán hacer lo que tengan que hacer. Sólo así Dios los protegerá y bendecirá sus trabajos y familias.

Cada domingo, tempranito, vayan a la iglesia, al igual que en todas las fiestas religiosas del año. Cada noche, pequeños y grandes, antes de acostarse, lean las oraciones de la noche, el Acatisto de la Anunciación, el Nuevo Testamento, el Salterio, y otros libros religiosos.

¡No se olviden de ayunar! Respeten todos los días de ayuno, así como lo hice yo desde los seis años.

Respetando todo esto, amados hijos y nietos míos, será como si me encendieran cada día una veladora. Será el mejor parastás (réquiem) diario. Respeten las cosas de la Iglesia y busquen las del Cielo, porque todo lo de este mundo es pasajero. Las buenas obras que hagan a escondidas les esperarán en la eternidad. Todo lo demás desaparecerá como en un sueño. Nada se llevarán al morir, ni las riquezas, ni la honra del mundo, ni las casas en las que ahora viven. Sólo sus buenas obras y la paciencia.

Los bendigo y les pido que sean amorosos, en primer lugar, entre ustedes, con sus familias, con los demás parientes, con los vecinos y con todo el mundo. Hagan todo el bien que puedan y no falten jamás a la iglesia. Y perdonen a quienes les hagan algo malo.

Sus buenas obras quedarán aquí en la tierra, pero también se las llevarán al Cielo. No importa cuántos años vivan, todos serán como eran ayer... Por eso, hagan todo el bien que puedan, también a hurtadillas... Que no existan las mentiras y las ofensas, ni siquiera los enemigos. ¡No se alejen de la Iglesia y del buen confesor que ahora tienen!

Les pido que lean esta carta en cada aniversario de mi muerte, estando todos presentes, después del oficio memorial en la iglesia. Leyéndola, estarán haciendo otro oficio, pero en la casa.

Les dejo mi bendición, mis besos, mis abrazos... ¡y espero que podamos reunirnos en el Cielo!

Su mamá y abuelita.”

 

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