¿En verdad hay paz en mi interior?
El alma no puede tener paz si no pide con todas sus fuerzas al Señor el don de amar a todos los hombres.
Nuestra mente debe estar siempre atenta a lo que sucede en nuestro corazón y ver si hay paz en él o no. Si no la hay en el tuyo, entonces examina en qué has pecado. Para tener paz en el alma es necesario ser sobrio y moderado, pues la paz también se pierde a causa del cuerpo.
No hay que ser curioso ni entrometido; no hay que leer diarios ni libros mundanos, que devastan el alma y la arrojan a la tristeza y a la confusión.
No juzgues a los demás, porque muchas veces sucede que, aun sin conocer a una persona, hablamos mal de ella, mientras que en su interior es semejante a un ángel. No te empeñes en conocer los asuntos del otro, sino únicamente los tuyos; ocúpate solo de aquello que te ha sido confiado por tus superiores (padres espirituales —nota del editor).
Entonces, por tu obediencia, el Señor te ayudará con Su Gracia y verás en tu alma los frutos de la obediencia: la paz y la oración incesante. (…)
La paz de Dios se pierde, ante todo, porque no hemos aprendido a amar a nuestro hermano conforme al mandamiento del Señor (1 Juan 4, 21). Si tu hermano te molesta y en ese momento acoges un pensamiento de ira contra él, o si lo juzgas o lo odias, sentirás que la Gracia te ha abandonado y que la paz ha desaparecido.
Para tener paz en el alma, debes acostumbrarte a amar a quien te ha ofendido y a orar de inmediato por él. El alma no puede tener paz si no pide con todas sus fuerzas al Señor el don de amar a todos los hombres.
