Palabras de espiritualidad

Esa paz que solo la Madre del Señor puede darnos

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

Entonces, la Madre de Dios sonrió, y desde aquel día mi disposición interior cambió. Una paz profunda entró en mi alma por medio de aquella mirada de la Madre de Dios.

Amemos mucho a la Madre de Dios. Oremos a ella con nuestro cordón de oración y leamos cada día su Paráclesis, y ella nos llevará a todos al Reino de los Cielos.

Yo la vi como una jovencita de unos quince años, tal como aparece en el ícono de la "Pronto auxilio" que tengo en mi celda, durante el Himno de los Querubines, mientras yo estaba arrodillada. Estaba de pie delante de las Puertas Santas, sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús.

Nunca olvidaré cómo me miraban sus dulcísimos ojos. Aquella mirada penetró hasta lo más profundo de mi corazón (…) toda mi atención estaba concentrada en sus ojos.

Le oré y le dije: “Oh, Madre de Dios, ¿qué será de nosotros? ¿Qué sucederá con este monasterio? ¡No estamos haciendo nada! ¿Cómo alcanzaremos la salvación?”.

Entonces, la Madre de Dios sonrió, y desde aquel día mi disposición interior cambió. Una paz profunda entró en mi alma por medio de aquella mirada de la Madre de Dios.

(Traducido de: Stareța Macrina VassopoulosCuvinte din inimă, Editura Evanghelismos, p. 208)

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