Hay que saber entender la libertad que se nos concedió

 

Nuestro Señor Jesucristo dice, en el Evangelio según San Juan: “Si alguien no come de Mi cuerpo y no bebe de Mi sangre, no tendrá vida”. Asi pues, esmerémonos en hacerle un lugar en nuestro interior al Señor, para que podamos tener en nosotros la vida de Dios.

Dios nos ha dado la libertad de actuar como queramos en esta vida. Por eso es que todos cometemos toda clase de errores, porque somos libres. “¿Quién podría detenerme? ¡Mi conciencia es completamente libre!”. Y después terminamos obrando todos los males del mundo. ¡Solamente pensemos hasta qué punto hemos llegado, que terminamos crucificando a nuestro Señor Jesucristo! Sí, la libertad existe. Pero, si existe la libertad, ¿cada uno es libre de hacer lo que quiera?

En este punto es importante recordar que todos rendiremos cuentas ante Dios por cada una de nuestras faltas. Así nos lo dice nuestro Señor, en el Evangelio según San Mateo: “Os digo que de toda palabra ociosa que digan los hombres darán cuenta el día del juicio”. ¡De cada palabra ociosa que hayamos dicho en nuestra vida, no una vez en un día cualquiera, sino tan solo una vez en nuestra vida! ¡Y cuántas necedades no pronunciamos a cada instante! ¡Cuántos insultos y obscenidades! Y todo eso será revelado. Todo eso será expuesto ante todos y nos veremos a nosotros mismos, como hemos sido y como somos. Y no nos podremos defender, porque nuestra conciencia nos dirá: “Todo esto es tuyo”

De igual manera, tenemos que ser muy cuidadosos con ese don que se nos dio, la Santa Eucaristía, misma que muchas veces recibimos sin estar preparados para la altura de ese sacramento divino. San Basilio el Grande, en dos de las oraciones que se hacen antes de la Santa Comunión, dice que esta es “la ración que tomamos en el camino a la eternidad”. Nuestro Señor Jesucristo dice, en el Evangelio según San Juan: “Si alguien no come de Mi cuerpo y no bebe de Mi sangre, no tendrá vida”. Asi pues, esmerémonos en hacerle un lugar en nuestro interior al Señor, para que podamos tener en nosotros la vida de Dios.

(Traducido de: Ne vorbește Părintele Sofian Boghiu, Editura Vânători, Mănăstirea Sihăstria, 2004, p. 103)