¡Hay tantas preguntas que quisiera hacerte, Señor!
¿Por qué debo luchar contra las cosas que me matan, sin tener la fuerza necesaria? No lo entiendo. En la medida en que Cristo y el Espíritu Santo son para mí la solución a todos los problemas que me agobian, vivo en el desconocimiento de muchas cosas.
Nunca te compares con nadie. Cada uno de nosotros, por pequeño que sea, es grande ante Aquel que es Eterno; Dios establece con cada persona un vínculo único del corazón.
¿Por qué las consecuencias de la desobediencia de Adán son tan desastrosas? ¿Por qué la vida espiritual en Cristo asume, en este mundo, la forma trágica de una lucha cuerpo a cuerpo con la muerte? ¿Por qué la creación de Dios está ligada a esta negación, a la muerte, a esta lucha llena de dolores? ¿Por qué la creación no conduce de manera armoniosa a la plenitud de la criatura humana como imagen de Dios? ¿Por qué debo luchar contra las cosas que me matan, sin tener la fuerza necesaria? No lo entiendo. En la medida en que Cristo y el Espíritu Santo son para mí la solución a todos los problemas que me agobian, vivo en el desconocimiento de muchas cosas. Cristo es el fundamento de mi vida. Su modo de obrar me atrae. No entiendo lo que dijo, pero lo que dijo me basta. Lo comprenderé cuando pase de este mundo al otro.
(Traducido de: Arhimandritul Sofronie, Din viață și din Duh, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2014, pp. 27-28)
