Ir al encuentro de Dios con la oración y la lectura

 

“Sé cuidadoso, hermano, con lo que lees. Porque, si no te esfuerzas, no hallarás nada. Si no llamas suavemente y no esperas con perseverancia a la puerta, no serás escuchado”.

Las palabras de la Santa Escritura tienen fuerza sobre nosotros cuando asumimos que Dios mismo nos está hablando mientras leemos. Y (esas palabras) nos llevan a encontrarnos con Él, a sentirnos tocados por Su llamado, de acuerdo a nuestras circunstancias y a nuestro nivel espiritual. Entonces, en estas palabras descubrimos un gran poder y un sentido siempre nuevo. Es así como la lectura se une con la oración.

Debemos pedirle a Dios que nos lleve al interior de esas palabras, haciéndose Él mismo transparente y perceptible en ellas. Por eso, San Isaac el Sirio nos recomienda: “Sé cuidadoso, hermano, con lo que lees. Porque, si no te esfuerzas, no hallarás nada. Si no llamas suavemente y no esperas con perseverancia a la puerta, no serás escuchado”. “Por eso es que se ha dicho que el alma es ayudada por la lectura, cuando es el momento de orar. La oración ilumina nuestra lectura”.

Si la meditación nos revela a Dios en las palabras de la Escritura, la oración nos lo revela ya en las cosas del mundo.

(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, Rugăciunea lui Iisus și experiența Duhului Sfânt, Ed. Deisis, Sibiu, 1995, p. 25)