La acción liberadora de la oración en el hombre
Quien no ora permanece como un esclavo, encerrado en el complejo mecanismo de la naturaleza exterior y de las inclinaciones de sus pasiones, que dominan al hombre más de lo que lo hace la propia naturaleza.
La oración libera al hombre, lo desprende de la naturaleza exterior y de sí mismo. De este modo, mantiene el alma abierta hacia Dios como Persona. Quien no ora permanece como un esclavo, encerrado en el complejo mecanismo de la naturaleza exterior y de las inclinaciones de sus pasiones, que dominan al hombre más de lo que lo hace la propia naturaleza.
La oración garantiza la libertad frente a los complejos mecanismos del mundo exterior que constituyen el conjunto de las leyes de la naturaleza. Al orar, el hombre afirma su convicción de que estos mecanismos son solamente contingentes y que derivan de la libre intervención de la Persona suprema que los creó. Esta convicción se apoya en el hecho de que las propias personas humanas pueden disponer libremente determinados mecanismos de las leyes de la naturaleza, orientándolos hacia los fines que ellas mismas eligen.
Mi mente tiene el poder de ordenar a mi cuerpo que realice los movimientos que ella elige; por medio de estos movimientos y de las herramientas que prolongan su acción, tiene poder sobre los objetos y las fuerzas de la naturaleza. Este poder pertenece igualmente a la mente de los demás hombres. Mediante la oración que les dirijo, puedo lograr que ellos intervengan en el mecanismo de las leyes naturales de una manera que me resulte útil. Así, los hombres pueden entablar entre sí un diálogo libre a través de los objetos y las fuerzas de la naturaleza.
Cada hombre afirma su propia libertad al actuar sobre la naturaleza, y afirma la libertad de los demás cuando les dirige una petición. Pero, al pedir la libre intervención del otro, espera también para sí mismo una libertad respecto de determinados mecanismos de la naturaleza que él mismo no puede dirigir.
(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, Rugăciunea lui Iisus și experiența Duhului Sfânt, Ed. Deisis, Sibiu, 1995, pp. 67-68)
