La debilidad del alma soberbia
A la Sagrada Escritura, que le manda invitar a su mesa a los pobres y no a los ricos, la desprecia; y en cambio agasaja generosamente a los opulentos, se complace con ellos.
El alma que se envanece por la abundancia de sus riquezas, poco a poco va alejando de su corazón el temor de Dios; y al perderlo, ya no se guarda ni de la mentira ni de la blasfemia.
Así, envidia, se irrita, se jacta con arrogancia y se deleita en las divisiones, alimentándose, como una sanguijuela, de la sangre; siempre acechando los pecados ajenos, mientras que los suyos jamás los percibe.
Si lo elogian, se alegra. Pero si no le prestan atención, le carcome una ira feroz y le inunda una gran tristeza.
A la Sagrada Escritura, que le manda invitar a su mesa a los pobres y no a los ricos, la desprecia; y en cambio agasaja generosamente a los opulentos, se complace con ellos y, sin misericordia, derrocha a manos llenas los bienes que pertenecen a los pobres para satisfacer toda clase de deleites de su corazón.
(Traducido de: Sfântul Maxim Grecul, Viaţa şi cuvinte de folos, Traducere de Florentina Cristea, Editura Bunavestire, Galaţi, 2002, p. 42)
