Palabras de espiritualidad

La dulzura del amor de Dios

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Ni el escapar del infierno ni el gozo de la morada celestial pueden igualar la alegría que sobrepasa cualquier cosa: amar y ser amados por Cristo, todo al mismo tiempo.

No hay nada que no pueda ser vencido por el amor.

Cuando se trata del amor de Dios, que está por encima de todo, ni el fuego, ni la espada, ni la pobreza, ni la enfermedad, ni la muerte, ni ninguna otra cosa puede asustar a quien alberga en sí ese amor. No tendrá ojos ni para el cielo ni para la tierra; todo su ser tenderá hacia una sola meta: la belleza y la gloria divinas.

El esfuerzo de la vida presente no podrá abatirlo, como tampoco el placer podrá hacerlo desviar su camino o llenarlo de orgullo.

Amemos, pues, con este amor con el que nada puede compararse, ni ahora ni en el futuro, y sobre todo por este amor “que nunca deja de ser”.

Y así seremos liberados de las amarguras de esta vida y de las de la vida futura, y entraremos en la alegría del Reino. En realidad, ni el escapar del infierno ni el gozo de la morada celestial pueden igualar la alegría que sobrepasa cualquier cosa: amar y ser amados por Cristo, todo al mismo tiempo.

(Traducido de. Sfântul Ioan Gură de AurCuvinte alese, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2002, pp. 45-46)


 

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