Palabras de espiritualidad

La excelsa labor del sacerdote al confesarnos

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Dime todo lo que sientas. Si te pregunto algo, respóndeme. Si no te pregunto, continúa hablando según lo que sientas en tu corazón”

Muchas veces me las he ingeniado para lograr una confesión general, y he visto verdaderos milagros a través de ella. En el momento mismo en que te confiesas ante tu padre espiritual, viene la Gracia Divina y te libera de todos tus actos oprobiosos, de tus heridas, de los hábitos enfermizos de tu alma y de tus culpas; porque en el instante en que las confiesas, tu padre espiritual ora fervientemente al Señor por tu liberación de todo eso.

Hace algún tiempo vino una señora que hizo este tipo de confesión y encontró un gran provecho. Su estado interior mejoró, porque antes algo la atormentaba. Entonces envió a una amiga suya para que también ella se confesara, y salimos a conversar afuera, en Kallisia. Nos sentamos sobre una roca y ella comenzó a hablarme. Le dije:

—Dime todo lo que sientas. Si te pregunto algo, respóndeme. Si no te pregunto, continúa hablando según lo que sientas en tu corazón.

Yo iba siguiendo con atención todo lo que me decía, y al mismo tiempo “veía” dentro de su mundo interior la acción de la oración. La seguía dentro de su alma y “veía” cómo la Gracia penetraba en su interior, mientras yo la escuchaba. Porque en el padre espiritual hay Gracia, y en el sacerdote hay Gracia. ¿Entienden? Mientras la persona se confiesa, el sacerdote ora por ella. Y al mismo tiempo la Gracia viene y sana las heridas del alma, que durante años la han atormentado sin que ella conozca la causa.

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003,  pp. 292-293)