La fe tiene que manifestarse con actos
No basta con creer en Dios con cierta fuerza interior ni con poseer solo la apariencia de la fe; es necesario que la fe se muestre en las obras.
La firmeza y la fuerza que nacen de la fe las mostró en otro tiempo el Señor a Sus discípulos, al sellar Su palabra con un “Amén”, como si hablara bajo juramento: “Os aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: Vete de aquí allá, y se trasladaría; nada os sería imposible” (Mateo 17, 20).
Tan poderosa es la fe que no admite dudas; pero si alguno tiene una fe dubitativa, se hundirá en medio de las olas, como el apóstol Pedro (Mateo 14, 30). Asimismo, sin fe nadie puede agradar a Dios (Hebreos 11, 6).
La fe de la que aquí damos testimonio es aquella que se manifiesta en las obras; pues, como dice el apóstol Santiago: “¿De qué te sirve decir que tienes fe, si no tienes obras? ¿Acaso podrá la fe sola salvarte?”. No basta con creer en Dios con cierta fuerza interior ni con poseer solo la apariencia de la fe; es necesario que la fe se muestre en las obras.
La fe se revela en la acción; y la fe sin obras, aun cuando pudiera trasladar montañas de un lugar a otro, no basta para salvarnos. Porque mover montañas, muchas veces, nada significa; más precioso es trasladarnos a nosotros mismos de lo bajo a lo alto, de lo malo a lo bueno, y de lo terrenal a lo celestial.
(Traducido de: Povățuiri creștine pentru tineri, Editura Anastasia, București, 2001, p. 17)
