Palabras de espiritualidad

La Gracia Divina nos ayuda a enfrentar el mal

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Enfrentar el mal con la Gracia de Dios se hace sin derramamiento de sangre y sin esfuerzo. Sin forcejeos ni tensiones.

El maligno teje con astucia la trama del engaño. Sin que nos demos cuenta, el maligno prepara sus trampas. Pero, por medio del amor a Cristo, la fuerza del alma escapa de esas trampas y se dirige hacia Él.

Esto es algo diferente. Algo más noble. Luchar contra tu enemigo es un esfuerzo lleno de forcejeos y tensiones. En el amor de Cristo, en cambio, no hay forcejeos ni imposiciones. Aquí, la fuerza del alma se transforma sin esfuerzo. No tenemos que enfrentarnos a él utilizando las mismas armas. ¡Seamos indiferentes! Esta indiferencia frente al enemigo es un gran arte. El arte de las artes. Y solo puede llevarse a cabo con la participación de la Gracia Divina.

Enfrentar el mal con la Gracia de Dios se hace sin derramamiento de sangre y sin esfuerzo. Sin forcejeos ni tensiones.

¿Qué he dicho? ¿Acaso no he dicho que el demonio es muy astuto? Las artimañas del maligno son perversas. ¡Qué horror! Por eso también nosotros debemos poner en práctica sabias estrategias de defensa, sin malicia, para destruir el poder de sus trampas. ¿Acaso no dice lo mismo el Apóstol Pablo a los efesios? «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que están en las regiones celestes. Por eso, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberlo vencido todo, permanecer firmes» (Efesios 6, 12-13).

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003,  p. 249)