La herramienta del que ora

 

La más grande manifestación de amor es orar por alguien que no sabe que pides por él o ella.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

El padre Eusebio les recomendaba a sus hijos espirituales que repitieran la oración «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!», o «ten piedad de nosotros».

«Repite la oración y vive la presencia de Cristo sin importar en dónde te encuentres: caminando, en el autobús, en tu trabajo. Asimismo, acostúmbrate a recitar el Acatisto a la Madre de Dios. Puedes orar en silencio, sin que nadie lo note. ¡Y qué bien te sentirás orando por el piloto (del autobús) y por los demás pasajeros, por sus familias y sus problemas! La más grande manifestación de amor es orar por alguien que no sabe que pides por él o ella.

La oración adquiere un valor aún mayor cuando comprende también a los que no tienen una buena opinión de nosotros o tienen algo en contra nuestra, por ignorancia, o porque viven lejos de Dios. Pero no basta con orar en dos palabras y listo. No, hay que orar desde el corazón, con un amor verdadero. ¡Cuánto gozo siente la persona, al momento de partir de esta vida, sabiendo que ha orado por aquellos que la han despreciado!».

Les obsequiaba un cordón de oración (komboskini) a sus hijos espirituales, y les enseñaba a utilizarlo:

«Al comienzo, digamos algunas palabras, como: “Señor, tengo defectos, debilidades. ¡Apártalas de mí!”. Y después: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador! ¡Señor, ten piedad de mí! ¡Señor, ten piedad de mí!”. Cuando quieras usar tu cuerda de oración para pedir por alguien, repite: “¡Te pido, Señor, que santifiques a esta persona, protegiéndola siempre con Tu don y Tu bendición!”. Y, a continuación: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de Tu siervo! ¡Señor, ten piedad de él!”».

«Tu komboskini es tu herramienta para orar», solía decir. Por eso, quería que sus discípulos lo usaran con humildad y a conciencia, no superficialmente y sólo por aparentar. Una vez, un hijo espiritual le preguntó:

—Padre ¿hago una cuerda de oración de 50 o de 100 (cuentas)?

—De 50, de 100… ¡de lo que sea! Toda tu vida debe ser una cuerda de oración. Orar y orar. Siempre bajo la mirada del Señor.

(Traducido de: „Înger pământesc și om ceresc”. Părintele Eusebiu Giannakakis (1910-1995)​, traducere de Mircea Ștefan, Editura Doxologia, Iași, 2013, pp. 225-226)