Palabras de espiritualidad

La honra que ofrecemos a la Santísima Virgen María

  • Foto: Catalina Mocanescu

    Foto: Catalina Mocanescu

La Santísima Madre de Dios es para nosotros la Toda Venerable, como Madre de la Luz y Madre nuestra.

A Dios lo amamos y lo honramos de un modo particular; en teología decimos que lo adoramos. A los santos los veneramos de otra manera, como a hombres y mujeres que supieron ser agradables a Dios. Y a la Santísima Madre de Dios decimos que le ofrecemos una veneración especial.

La Santísima Madre de Dios es para nosotros la Toda Venerable, como Madre de la Luz y Madre nuestra. En la Cruz, Cristo nos la confió. Jesús le dijo, desde la Cruz, a San Juan el Evangelista: «Hijo, he ahí a tu madre», y con él, todos nosotros hemos llegado a ser hijos suyos.

¡Qué privilegio, que la Madre de Dios sea también nuestra Madre! ¡Qué inmenso don se nos ha concedido a nosotros, los hombres! ¡Qué cercanía tenemos con Dios por la intercesión de la Santísima Madre de Dios!

(Traducido de: Preotul Nicolae TănaseSă nu-L răstignim iarăși pe Hristos, Editura Agaton, Făgăraș, 2011, p. 68)

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