Palabras de espiritualidad

La inconmensurable labor de la Madre de Dios para con la humanidad

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Nos unió nuevamente con Dios, puesto que Cristo es el Dios-Hombre.

Cualquier cosa buena que el hombre pueda decir acerca de la Madre de Dios jamás podrá expresar su grandeza. Por su obediencia, la Madre de Dios nos abrió nuevamente el Paraíso, que la desobediencia de Eva había cerrado. Eva rompió el vínculo que nos unía con Dios y trajo al mundo tristeza y dolor. La Madre de Dios volvió a unir ese vínculo y trajo al mundo la alegría del Paraíso. Nos unió nuevamente con Dios, puesto que Cristo es el Dios-Hombre.

El Arcángel Gabriel trajo al mundo la buena nueva llena de gozo: que los hombres, gracias a la Madre de Dios, han hallado “gracia delante de Dios”. La Madre de Dios se alegra porque el Verbo se encarnó y nos libró del pecado. También nosotros nos alegramos, porque la Madre de Dios nos sacó con el “rostro limpio”, es decir, reconciliados y sin vergüenza.

Por eso cantamos en la Natividad del Señor: “El desierto ofrece a Cristo el pesebre, y nosotros, los hombres, ofrecemos a Su Madre, a la Santísima Madre de Dios”.

(Traducido de: Cuviosul Paisie AghioritulCuvinte duhovnicești, Vol. V Patimi și virtuți, Editura Evanghelismos, București, 2007, p. 299)

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